LA IMAGEN DE OTRO ESPACIO

MANUEL RAMOS VAN DICK

           

La pieza gastada que se me pone en silencio en la mano.
Mallarmé

Desde los años ochenta el poeta Juan Carlos Mestre ha venido desarrollando una intensa producción poética (además de la musical y la plástica) que, si bien le ha brindado reconocimientos en materia de premios, también le ha otorgado un sitio en la marginalidad.

Esta marginalidad ganada tiene su causa, en la organización de su apuesta poética: una obra, casi un antisistema que ha organizado y alimentado en cada libro progresivamente, y que como dice Molina Damiani, defiende a la poesía como «la conciencia de algo de lo que no se puede tener conciencia de ninguna otra manera».

No queremos sugerir que esta obra sea un cuerpo único y rígido, hay quienes incluso ven etapas marcadas dentro de ella, pero sí advertir que la ruta que ha seguido desde su primera publicación se ha mantenido bajo ciertas convicciones, que caracterizan estos trabajos como uno de los más independientes y originales en el marco de la poesía actual.

Pero ¿qué es aquello que Mestre valora tanto en la poesía para considerarla un canal exclusivo?, o dicho de otro modo, ¿cuál es esa categoría con la que cuenta la poesía que le otorga esa exclusividad, de decir o de aprehender lo oculto? ¿Qué tipo de instrumento es y qué contiene?

A primera vista, la frase que enuncia Molina Damiani, pareciera tener un sesgo platónico. Hay algo que está velado a la experiencia humana, y que solo un instrumento original puede revelarlo. Sin embargo, lo que está en el juego del desvelamiento no es lo real de la existencia, sino lo integral de la existencia: es la materia misma de la que estamos hechos, es el lenguaje de nuestra humanidad.

Tener una visión integral de la existencia, es decir, una visión que contenga sus oposiciones y sus contradicciones, sus quiebres e incluso sus visiones,  es precisamente aquello que es camuflado por el ritmo incesante de la vida y la razón instrumental que ésta impulsa. Así se abre un edificio racional, yerto, con apariencia de esencial,  que la poesía puede destituir, asunto este que Merleau Ponty advirtió años atrás: el escritor diremos, añade una nueva dimensión a este mundo demasiado seguro de sí haciendo vibrar allí la contingencia”.

La propuesta de la obra de Mestre, atenta a estas intuiciones, logra por lo tanto, en un primer momento, hacer temblar el sistema que se pretende fundamentar en lo convencional y en un poder instaurador; y apunta a desestabilizar el espacio de lo enteramente racional, a través de la puesta en palabra, que simultáneamente funciona como puesta en escena. Contrario a lo que sucedía por ejemplo con Martin Adán, hay una fe que persiste en dialogar con voces de otros tiempos, como la de los surrealistas, de poetas como Ledo Ivo, artistas plásticos; y en otros casos darle voz a los que no la tienen: los olvidados, los marginados,  los disidentes. Así Mestre a través de lo poético y político de la puesta en palabra, pone en escena a aquellos que tiene una voz opacada y enuncia lo que Rancière afirma a través de la filosofía: “la política ocurre cuando aquellos que no tiene el tiempo se toman este tiempo necesario para plantearse como habitantes de un espacio común y para demostrar que su boca emite también una palabra que enuncia lo común y no solamente una voz que denota dolor.”¿Cómo entender entonces, esta poesía, sino como un ejercicio constante de transformación de voz en palabra, como una trasmutación de la demanda inaudible hacia la palabra que otorga y que brinda? El lenguaje se convierte así, en un instrumento de generosidad y solidaridad.

Pero el otorgamiento, esa necesidad de excitación nominal o de proliferación que lo emparenta con Lezama lima a quien también interpela, funciona además como un tratamiento del lenguaje capitalizado.  Fue Merleau Ponty quien entendió que el uso creador del lenguaje del escritor está vinculado estrechamente con el uso empírico. Aquí Mestre, emplea esa receta pero más afín a un alquimista convencido de que el trabajo poético, es el trabajo de un esteta que tiene frente a él, la inminencia de comienzo del mundo. Porque trabajar con la palabra es distinguir una significación nueva.

Y estas significaciones prometen un desfile a través de una serie de apuestas: lo mágico, la imaginación, el sueño, la fantasía, la visión: una palabra normalmente marginada y  vuelta ajena al lector, queda expuesta. Como si quisiera recordarnos la sentencia de Lezama Lima que anuncia que  la poesía es la anotación de una respuesta, pero la distancia entre esa respuesta, el hombre y la palabra, es casi ilegible e inaudible.

Y aun así el motor de la obra de Mestre sigue siendo un vitalismo enérgico, un deseo constante y el gusto por la incesante interrogación. Tal vez estamos frente a un tipo de compromiso social distinto. No el de los discursos totalitarios, ni el discurso del vencedor, sino frente al discurso de los vencidos, el lenguaje de la irresponsabilidad, el de la imaginación desbordada que alienta el quiebre, la palabra marginada que resignifica. Bien lo dice Sánchez Santiago: la sustancia de la imaginación es la irresponsabilidad. La misma que hay en los sueños y en las criaturas que llamamos simples.

De esta forma Juan Carlos Mestre, revela por lo menos la presencia de ciertas crisis: el desarraigo en  la civilización, las crisis lingüísticas;  que toman la forma exacerbada de la demanda, el discurso deseoso; pero simultáneamente libera en la creación poética, los caminos posibles de la subversión y la reconstitución de aquellas piezas gastadas en las que se convierten las palabras. La creación de nuevos episodios.

Los poemas aquí seleccionados, sirvan como una muestra general de la vasta producción del poeta. Creemos que publicar este breve trabajo es un intento de seguir colaborando  con la introducción de su obra en el círculo de lectores peruanos.

Manuel Ramos Van Dick


El compromiso de Juan Carlos Mestre.
Merlau-Ponty, Maurice. Signos. 1964. Barcelona: Seix Barral.
Trizas, el malhumor de Martin Adán, Mirko Lauer.
Rancière Jacques, El Malestar en la Estética. 2011. Buenos Aires. Capital Intelectual.
Merleau Ponty Maurice. Signos. 1964. Barcelona: Seix Barral.